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Durante el año de 1900 se programaron las últimas funciones en el Teatro Nacional de la Ciudad de México, cuando se acercaba la fecha de su demolición, como lo apunta Manuel Mañón, dramaturgo, crítico y cronista, en los artículos publicados en Excélsior entre 1942 y 1943, hoy compendiados en dos tomos de excelente factura, editados por el inba con el título Historia del viejo gran Teatro Nacional.
Dos de las funciones, celebradas los días 10 y 11 del mes de marzo, correspondieron al gran pianista polaco Ignacio Paderewsky. El pianista Cesar del Castillo, nos dice Manuel Mañón, publicó en El Imparcial la siguiente crónica sobre el primer concierto de Paderewsky. De esa crónica destacamos lo siguiente:
Paderewsky no ejecuta, no traduce, dice; no interpreta, crea, arrebata, subyuga, fascina, enloquece […] En resumen: Paderewsky es uno de los grandes pianistas del mundo musical […] Indudablemente no creemos que se hubiera oído antes en México a un pianista de tanto valer como Paderewsky, a pesar de que “algunos virtuosos” mexicanos opinaban que no debía Paderewsky dar vida a su inspiración, sino tocar, con técnica, sólo con técnica, para respetar a los grandes maestros, pero pasaba que, si su técnica era admirable, mucho más lo era su talento…
La presentación del pianista y político polaco fue lo más importante que ocurrió antes de que el teatro fuera demolido en el mes de diciembre de 1900, un teatro que a lo largo de sesenta años vio desfilar a los mejores artistas nacionales y también a muchas luminarias extranjeras de distintos géneros. Al hojear las páginas de la magnífica edición mencionada puede uno darse cuenta de que en el siglo XIX, a pesar los difíciles momentos por los que atravesó el país, los artistas de la metrópoli se preocuparon por recuperar los espacios de su actividad.
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