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Agosto, UNA TRÁGICA DECISIÓN

El 13 de agosto de 1914 el ejército federal firmó su rendición, Huerta huyó al extranjero, y una división constitucionalista, al mando de Álvaro Obregón, ocupó la Ciudad de México.

 

La Revolución parecía haber terminado. Los largos años de la dictadura porfiriana habían terminado en mayo de 1911 con el triunfo de Madero y la instauración de un gobierno democrático. El presidente no tomó revancha contra los militares ni contra los partidarios de don Porfirio, esperando su respeto al nuevo orden constitucional. No lo hicieron, y abusaron de una libertad de la que no habían gozado para desestabilizar y derrocar al gobierno a través de la asonada y la traición, conduciendo al país a una cruenta guerra para restituir la legalidad. Muchos pueblos y ciudades fueron destruidos y mucha gente murió bajo las banderas de la justicia social que los ejércitos, del norte y del sur, alzaron al calor de la batalla. Finalmente, ese mes de agosto de 1914, se abrió la esperanza para miles de hombres de regresar a casa, al cultivo y al trabajo, en un nuevo orden más justo y prometedor. El día 20 el “Primer Jefe”, Venustiano Carranza, encabezó el desfile en la capital para comenzar a formar el nuevo gobierno, pero excluyendo a villistas y zapatistas, a pesar de haber sido factores de la victoria.
Con el triunfo, el ejército constitucionalista ya no tenía razón de ser y debía disolverse para comenzar el arduo proceso, civil y civilizado, para llegar a acuerdos sobre las expectativas que la Revolución había generado en el pueblo.
Pero Carranza no supo desprenderse de su pasado político, de su origen porfiriano y de gran propietario, enemigo de la reforma agraria; por ello, su objetivo no fue otro que el de restituir la Constitución de 1857. La Revolución había terminado para él y, supuestamente, los alzados debían regresar a casa. Pero los dirigentes villistas y zapatistas lo veían de otro modo: después de la vorágine de esperanzas que había despertado la Revolución ya no podía regresarse al orden anterior, pretendían resolver el conflicto social que el porfiriato había engendrado, y la reciente destrucción del antiguo régimen político era apenas el primer paso para construir otro país.

 

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