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Agustín de Iturbide ¿Cuál fue su delito?
Alfredo Ávila

Los giros que da la historia no son ajenos a las decisiones de los hombres en el poder. Y así, los que habían tratado a Iturbide como héroe de la Independencia,y apoyaron la monarquía, al poco tiempo lo condenaron a muerte por traición a la Patria. Pero esa polémica decisión del Congreso dejaría abierta una pregunta para la historia: ¿cuál fue su delito?

Dizque lo reconocieron por su manera de cabalgar. La verdad es que tampoco deseaba pasar inadvertido, no al menos mucho tiempo. Desembarcó en Soto la Marina el 15 de julio. Al parecer lo reconoció un comerciante de Durango, quien lo había visto en alguna ocasión en la Ciudad de México. De Durango también era aquel diputado, Santiago Baca Ortiz, que había difundido por cada pueblo la Memoria Político Instructiva de fray Servando Teresa de Mier. Promotores de la República en un pueblo que durante trescientos años había vivido bajo el cetro de una monarquía. No eran muchos, pero ahora estaban en el poder y, para colmo, los grupos poderosos de las provincias terminaron apoyando una forma republicana de gobierno con tal de que se apellidara federal. ¿República, federación? Si el propio fray Servando había gritado en el Congreso que se dejaría cortar el pescuezo si alguien en las galerías podía explicarle qué casta de animal era la República federada. No podía ser que a poco más de un año de la caída del imperio todos fueran republicanos. De seguro había muchos partidarios, no sólo de la monarquía sino del libertador, dispuestos a establecer un orden de cosas más conocido. El problema es que en Soto la Marina, aquel verano de 1824, el comandante se llamaba Felipe de la Garza, un viejo amigo de republicanos y revoltosos, como el propio Mier, como el chato Ramos Arizpe. Eso no era tan grave. Los políticos un día se afilian a una causa y al día siguiente a otra. El problema más grave era que De la Garza se pronunció en dos ocasiones en contra del Imperio y en ambas fracasó. Si no fue fusilado como traidor se debió a la gracia del emperador. Algún ingenuo pensaría que, precisamente por eso, debía tener gratitud ante el hombre que lo perdonó; pero la humillación no se perdona.

Agustín de Iturbide se entrevistó con Felipe de la Garza el 16 de julio. Le expuso los motivos que tuvo para regresar a México, aunque quizá no todos. Le dijo que sabía de los planes de la Santa Alianza, de la intención de Fernando vii para armar una expedición contra México. Venía dispuesto a ponerse a las órdenes de la Patria. Entonces, fue notificado acerca del decreto de 23 de abril, expedido por el Congreso Constituyente, en el que se le declaraba traidor si ponía un pie en México y lo condenaba, en ese caso, a la muerte. Iturbide insistió en que su delito era defender al país que él mismo puso en el concierto de las naciones civilizadas. De la Garza titubeó. Tenía frente a sí al autor del Plan de Iguala, no a cualquier político ambicioso. El 18 de julio decidió enviarlo a Padilla, en donde estaba sesionando la Asamblea Constituyente estatal, para dejar en sus manos la difícil decisión de cumplir o no el decreto del Congreso Federal. Lo envió rodeado de tropas, pero no como preso, pues ordenó a sus hombres que obedecieran a tan distinguido mexicano.

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